¿Por qué envejecemos?

Hablar de anti-envejecimiento parece ir contra natura, hacer del proceso de degeneración, común en todos los seres vivientes, una enfermedad que hay que combatir y eliminar.

Los estudios actuales parecen ofrecernos múltiples alternativas, y nos hacen creer que estamos logrando algo al respecto. Existe en un mundo paralelo, poco usual para la medicina llamada convencional, pero concreto y tangible, donde los conocimientos están en continua revisión, y los tratamientos no dejan de sorprender, por su sencillez y eficacia.

Para entender profundamente la llamada Medicina Anti-Envejecimiento, debemos comenzar por el concepto mismo de envejecer.

Según este concepto, queda claro que el envejecimiento es un proceso:
Programado (genética)
Progresivo (tiempo)
Variable por cada especie (individualidad de especie)
Ineludible (ciclo vital)

Si bien la programación genética es la base fundamental de nuestro envejecimiento, quedan a considerar otros aspectos que incrementan la velocidad de la degeneración celular y orgánica:
Estilo de vida (alimentación, ejercicio físico, actitud ante la vida)
Factores externos (contaminantes, metales pesados, virus, radiaciones, etc)
Educación a la salud (las poblaciones educadas en salud tienden a vivir más)
Factores sociales, culturales y económicos (influencia de la etnia, el clima y la economía)

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Medicina Preventiva

Es la parte de la medicina que se ocupa de la prevención de una patología o evento negativo que pueda convertirse en un peligro para la vida del individuo, con consecuente afectación de un determinado núcleo social.

La Medicina Preventiva, vista como la anticipación de un evento, queda convertida en la piedra angular de la Medicina Anti-Envejecimiento.

Como antítesis de éste tipo de medicina, tenemos la medicina curativa, que se ocupa de la reparación de una daño que ya existe, de un proceso ya en acto y de incierta proyección en su desenlace.

El concepto de que la medicina curativa es el fracaso de una buena medicina preventiva, lo revela el siempre mayor interés de los países desarrollados por anticiparse a un problema de salud de su comunidad.
Según el enfoque tradicional de la medicina occidental, nuestro organismo está sano hasta que una causa externa produce una enfermedad.

El paso de la condición de “sano” a la condición de “enfermo”, no se cumple, según éste enfoque, en fases, sino en estadios de gravedad: estamos sanos, algo enfermos y muy enfermos. Pero, según ésta visión, cabría preguntarse: ¿quien o qué, reconoce la enfermedad?

Nuestro sistema inmunológico, sin lugar a dudas, es el que se ocupa de ella, pero la pregunta sigue en pié, aunque la formularemos en forma diferente: ¿quién interpreta que un órgano comienza a fallar? La respuesta ya no es la misma, son las células afectadas las que reconocen la agresión y las que nos envían un mensaje de auxilio, y no un complejo sistema inmune, quien cumple su función constantemente de observación revisión y ataque.

Como se ha demostrado recientemente (Neurocientíficos del Case Western Reserve University School of Medicine), las células “hablan” entre sí. Se ha descubierto que, por medio de un código químico, una célula reconoce a su vecina y ésta a otra y a otra, hasta tener una “inteligencia de conjunto”, para poder así realizar una función específica y dar a lugar a la función de un determinado órgano. De ésta forma, el hígado cumplirá en segundos una de sus centenares de reacciones, así el riñón, el páncreas, las glándulas suprarrenales, tiroides, etc.

¿Que importancia tiene éste descubrimiento para la Medicina Anti-Envejecimiento? Tan importante es, que en ella se basa toda la componente teórica y objetiva de la Medicina Preventiva, habiéndose creado instrumentos en grado de medir esas variables mínimas pero cuantificables del sufrimiento celular, que por otro lado no son detectable por las comunes analíticas de la medicina tradicional. Podemos distinguir tres fases, que llevan del estado de salud al estado de enfermedad.

Etapa 1 – FASE CELULAR:

En ésta fase, un grupo de células reciben la agresión de los Radicales Libres, Metales tóxicos, virus lentos, radiaciones ionizantes, o cualquier elemento extraño que comienza la alteración de su estructura. O bien comienza un sufrimiento celular, por el desequilibrio de sus elementos dinámicos internos (vitaminas, oligoelementos, antioxidantes), debido a la errada alimentación o al empobrecimiento de nutrientes de los alimentos escogidos.
El mensaje enviado se considera de tipo bio-energético, es decir el mensaje es fundamentalmente un desequilibrio eléctrico prácticamente indetectable (las células están cargadas de energía, mesurable en miliamperios debido a los continuos cambios iónicos entre el interior y el exterior de la membrana celular.
Este primer mensaje de auxilio, no es detectable por los comunes sistemas y aparatos de la medicina occidental, ni determina síntomas evidentes en una persona que puedan hacer sospechar que algo está mal.
Esta fase es conocida también como la de “Enfermo Oculto”. Es el momento ideal para iniciar una terapia de Medicina Anti-Aging, tendiente a restituir de inmediato las fallas nutricionales existentes en las células, bloqueando las causas nocivas presentes y potenciando la actividad del sistema inmunológico.

Etapa 2 – FASE TISULAR:

Pasamos a una fase algo más profunda, la que incluye un número mayor de células afectadas, con características de “tejido”. Es decir, una o más porciones de tejido de un determinado órgano.

En esta fase, no se produce aún la falla funcional del órgano pero si, se comienzan a evidenciar síntomas, aunque difusos y mal definidos. Los mensajes enviados por éste grupo celular, se consideran de tipo bio-químico, es decir, se movilizan fundamentalmente enzimas inflamatorias, para potenciar la acción de “alarma” enviadas inicialmente.

La persona se transforma de “enfermo oculto” a “enfermo aparente”. De hecho, al acudir a la medicina tradicional, las analíticas tienden a ser normales, no siendo éstas lo suficientemente adecuadas para medir la componente inflamatoria intracelular o extracelular (Radicales Libres).

La conclusión es, la de un paciente que acude a la consulta por “no sentirse bien” y recibir el diagnóstico de “todo normal”. Esto produce una cierta frustración en el paciente, ya que efectivamente, no se siente bien. El paciente puede entrar en un estado depresivo, ya que al no lograrse evidenciar el causante de esa enfermedad oculta, el individuo se encontrará dudando de su integridad mental: “me lo estoy entonces imaginando”.

El círculo se cierra al comenzar la terapia antidepresiva, porque esta atenuará los síntomas, más no logrará conseguir, ni bloquear, la noxa causante, en la mayoría de los casos. Acá se hace evidente el fracaso de la medicina tradicional.

Es obvio que no todas las patologías depresivas son debidas a motivos orgánicos biomoleculares, pero nunca dejan de sorprendernos la cantidad de elementos objetivos (desmineralización celular, presencia de R.L., déficit inmunológicos, candidiasis crónica), que presentan éstos pacientes, y como al mejorar estas deficiencias o eliminar la disbiosis intestinal, por ejemplo, los síntomas mejoran o desaparecen.

Etapa 3 – FASE ORGÁNICA:

Ésta es la fase donde la medicina occidental, tradicionalmente “organicista”, logra detectar una patología. Los equipos y maquinarias han sido fabricados siguiendo éste enfoque: enfermedad = órgano enfermo, por lo que cumplen a cabalidad su función.
Detectamos entonces diversos tipos de patologías: hepáticas, renales cardiovasculares, cáncer, cutáneas, etc. Pero ya el daño profundo está hecho. A pesar que la ciencia actual logra realizar auténticos milagros sobre determinadas patologías, nos preguntamos: ¿No sería más fácil actuar antes que ésta se manifiesten por detectarlas en un estado incipiente?
Los pacientes en ésta fase, que llegan a las Unidades de Medicina Anti-Envejecimiento se encuentran con tratamientos largos y a veces ineficaces, debido al grado de deterioro orgánico que hallamos. Se logra muchas veces solo aliviar el proceso inflamatorio, mejorar algo el sistema inmunológico y tratar de ofrecer una mejor calidad de vida.

Es indispensable el conocimiento profundo de los procesos analíticos y técnicas de tratamiento para reconocer en que fase se encuentra el paciente y poder derivarlo, en caso de ameritar intervenciones más agresivas.

Las Unidades de Medicina Anti-Envejecimiento, deben reconocer su función de Medicina Preventiva y como tal actuar, anticipándose a una patología antes que ésta sea irreversible.

Para ello es necesario llamar la atención de la población hacia ésta ciencia para que al hacerse común, podamos ofrecer lo que siempre busca la medicina: una mejor calida de vida.

En los últimos 50 años, se ha demostrado que los Radicales Libres son la principal causa de envejecimiento, enfermedad y muerte celular, según lo demostrado por el Profesor Denia Harman (Universidad de Nebraska Pr. Nobel 1995).

Los Radicales Libres son átomos que contienen un electrón despareado. Esto comprende desde el Hidrógeno (El radical OH- es el más reactivo de todos), así como todos los iones metálicos de transición.

La teoría del equilibrio de la energía: “La energía no se crea ni se destruye, únicamente se transforma”, enunciada por Lavosier en 1789, se aplica perfectamente en nuestro caso, y sirve para explicar la extraordinaria avidez de un átomo despareado por un electrón, que lo llevaría de esa manera, y en forma instantánea, a transformarse en una molécula estable. Ésta acción de “robar electrones”, es lo que hace tan peligrosa la presencia de los R.L. en nuestro organismo.

En conclusión: los Radicales Libres, son átomos que han perdido un electrón, por tal motivo son sumamente inestables. Al tocar la pared celular, producen la llamada peroxidación lipídica, lo que equivale al robo de un electrón y consecuente daño celular.

Si una célula recibe el embate de un Radical Libre, puede evolucionar de 3 formas distintas:

Muerte celular
Degeneración celular, hacia el envejecimiento prematuro o al cáncer (debido a la progresión de la peroxidación hacia el núcleo y citoplasma)
Recuperación celular, por la activación de mecanismos antioxidantes o el suministros de éstos nutrientes.

Los Radicales Libres más frecuentes son:

O2 – anión superóxido
H2O2 – peróxido de hidrógeno
HO – anión hidroxilo

Todas las patologías que se relacionan con los Radicales Libres tienen un elemento común, la peroxidación de las estructuras que componen las células sobre todo la componente grasa (lípidos, fosfolípidos, colesterol, lipoproteínas, etc).

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Las dietas hipercalóricas, aumentan el consumo de oxígeno, incrementando la producción de Radicales Libres, lo contrario que sucede con las dietas hipocalóricas. Ello nos aclara que, la primera forma de combatir la producción de Radicales Libres es reducir las calorías de nuestras dietas.

Así, por ejemplo una dieta de 2.400 calorías diarias, necesita aproximadamente 660 gr. de oxígeno. De éstos el 95% es utilizado para el metabolismo, y el restante dará origen a la producción de Radicales Libres. La acción de los Radicales Libres, es contrarrestada por los antioxidantes, verdaderos escudos contra los efectos nocivos de estos átomos hiperreactivos.

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